Montse Tete

Me imaginé a los míos solos, entubados, ausentes, sin mi mano apretando la suya, con una silla vacía, una silla que no esperaba a nadie. Me imaginé a los míos en una fila tapados, solos, sin nadie llorando sobre ellos y lloré.

He llorado por todos, por la soledad del que yacía y por la angustia de los suyos.