Gustavo Latrecchiana

Las horas pasan…

Ya no sé en que día vivo,
mi reloj marca la hora pero no el paso del tiempo, la duda tiñe los días de gris y las noches de negro.

Me miro en el espejo y ya no sé que es lo que veo, en esa mirada no se refleja mi calma, ahí no está mi alma, abrumado me pregunto ¿en qué momento la he perdido?

Nos invade el miedo, perdimos alegría ocultando la sonrisa tras una mascarilla, la inseguridad que sentimos no se desvanece con una mirada cálida y amable, nos la da un barbijo, se respira en el aire de la mañana que cada día a alguien contagia.

Hemos perdido la confianza y nos miramos con escepticismo, nos aferramos a lo último que nos queda, que es la esperanza, como el marinero que se cae al agua en la oscuridad de la noche durante plena marejada, y su vida queda pendiente entre Dios, sus manos y la fuerza que tenga para sujetarse de esa amarra hasta que alguien lo rescate o entregue su cuerpo al agua salada.

Buscamos paz, queremos calma.
Sentimos el paso del tiempo tan solo viendo cómo las horas pasan,
pasan de largo sin dejar rastro,
pasan de lejos sin dejar recuerdos,
pasamos los días en vano sintiendo estar enjaulados,

Nos confinaron a estar solos, alejados de todo y de todos, casi sin testigos, solo algún vecino hasta ahora desconocido, que con todo esto se ha convertido en un amigo, para algunos será premio, para otros castigo.

Nos condenaron al ostracismo, a escuchar el silencio que nos obliga a enfrentarnos a nuestro peor enemigo que a veces es uno mismo.

A vivir tú solo con tu Yo mismo, él que a veces te da miedo cuando lo miras en el espejo.

A enfrentarte a tu cara cada mañana buscando una razón que te permita mantener la cabeza alta sin bajar la mirada, ya que sientes haber perdido todo, hasta lo que te ilusionaba.

Las agujas marcan el paso de otra hora pero ya no marcan el paso del tiempo, por más lamento, por más tormento, las horas se van volando pero el tiempo no está pasando…

GL
27/08/2020